El volumen de términos que representan a diferentes identidades del colectivo LGTBiQ+ ha crecido notablemente, pero ¿son todo conceptos prácticos y necesarios? Lo cierto es que bombardear a la sociedad con letras y banderas puede no ser una buena idea, puede llevar a incomprensión y a frustración. En mi humilde opinión, existen muchos términos que tienen significados demasiado abstractos y que se solapan demasiado con otros de los que se diferencian solo en algunos matices. Por ejemplo, bisexual, polisexual, y pansexual.
Antes de seguir, puesto que esta entrada pude resultar algo polémica, quiero aclarar una cosa: Aquí solo hablo de palabras que usamos para describir lo que somos, en ningún caso pretendo atacar la identidad de ninguna persona ni decir como debe sentirse y actuar. Abrazo y reconozco la diversidad por encima de todo, pero no creo que haya que poner un nombre a cada identidad, para eso ya tenemos cada uno nuestro nombre propio.
Y dicho esto, en esta entrada discutiré las palabras que hacen referencia a la identidad de género, como no binario, transgénero, género queer, agénero, y otras similares como género fluído, xenogénero, bigénero, trigénero, pangénero… Todas esas palabras y su definición (en la que no me detendré mucho) puden consultarse en esta entrada de Wikipedia.
¿Son realmente necesarias? ¿Las utilizamos de la manera mas informativa o estamos sobrepoblando el imaginario colectivo de forma contraproducente?

Comenzaré por dar la respuesta: En mi opinión, es frustrante y contraproducente. Ni yo mismo sé donde meterme. Y solo deberíamos conservar los conceptos de “transgénero” y de “no binario”, porque menos es más y punch.
La palabra transgénero (trans) es sin lugar a duda necesaria, y es de hecho la más antigua (transexualismo, acuñada en 1923).
Quiero recalcar que yo utilizo la palabra transgénero como sinónimo (o, más bien, reemplazo) de transexualidad, a pesar de que existe todo un debate sobre las diferencias entre ambas. La nueva palabra, “transgénero”, es utilizada como un término paraguas que pretende abarcar muchas identidades no binarias, y esto lo encuentro una mala idea por lo que explico más abajo. La palabra “transexual” de toda la vida, por lo contrario, se limita a las personas que tienen una identidad de género binario que no coincide con la asignada en su nacimiento. En mi opinión, este último concepto si requiere un término para referirse a él.
Según las definiciones científicas de sexo y de género sobre las que he escrito antes en este blog, los seres vivos pueden cambiar de género, pero es imposible cambiar de sexo. Por lo tanto, creo que transexual y cisexual son palabras científicamente poco acertadas. Transgénero y cisgénero deberían sencillamente reemplazarlas, pero adoptando ese significado original más restringido.
Al igual que hombre/mujer, cis/trans es por definición un binarismo. Es decir, que lo trans es una única forma contreta y definida. Y eso no lo digo yo, va en la propia etimología de estos prefijos, que en su origen latin significan “aquí” y “cruzando” literalmente. Hablemos un poco de ciencia, que de eso va este blog.
Mucho antes de la definición de transexualidad, en 1830, el químico sueco von Berzelius desubrió la isomería de las moleculas químicas. Los isómeros son moléculas que parecen idénticas y son dificiles de diferenciar y de separar unas de otras (mismos átomos y mismas uniones entre ellos en el mismo orden), pero que tienen diferencias en la orientación espacial de algunos enlaces. En concreto los estereoisómeros no quirales son parejas de moléculas superponibles con su imagen en el espejo (vease linealmente simétricas), pero identicas en todo lo demás. Para referirse a las dos posibles configuraciones tridimensionales de la molécula, se utilizan los prefijos cis-trans, o Z (zusammen, juntos)-E (entgegen, opuesto) (en alemán). Un ejemplo muy conocido por todos son las famosas grasas cis y su imagen especular, las grasas trans. En conclusión, cuando utilizamos el binomio cis/trans no estamos hablando de una cosa (cis) y todo lo demás (trans), sino de dos cosas muy concretas que son la imagen especular la una de la otra.
Todo así, creo que es útil mantener el término transgénero (transexual/trans) definido como persona que no se identifica con el género binario asigando en base a su sexo biológico, sino con el contrario. Un hombre trans es un hombre que fue asignado mujer al nacer en base a su sexo biológico femenino, y una mujer trans es una mujer que fue asignada hombre al nacer debido a su sexo biológico masculino. En resumen, el cambio de género es un cambio dentro del binarismo.
Todo el resto de identidades de género, por simplicidad y pragmatismo, deberían en mi opinión aunarse dentro de un único término. Creo que el término paraguas que mejor describe este grupo de identidades es el de “no binario”.
La verdad es que la palabra queer (cuir) es también bastante sugerente. No obstante, ya tiene otros significados. Queer es un término inglés que significa torcido o desviado, y que se utilizaba como insulto para referirse a las personas del colectivo. Ahora, el colectivo se ha apropiado de esa palabra como herramienta para empoderarse, como ha sucedido en español con las palabras marica o bollera. Queer es lo rebelde, lo que rompe con la normatividad. Una persona no binaria es queer. Pero un hombre cis que se acuesta con hombres también puede ser queer, igual que una mujer trans o una mujer cis bisexual. Queer ya es una teoría filósófica y un activismo político, por lo que utilizar la palabra, además, para referirse a una identidad de género no parece una buena idea.
No binario es una palabra que define de forma limpia y clara a las personas que no se identifican con ninguno de los dos géneros convencionales. Además, la actual bandera no binaria ya representa a todos los géneros fuera del doble binarismo hombre/mujer-cis/trans: Amarillo, para las personas que simplemente identifican fuera del binarismo (xenogénero o género disidente), blanco para personas con múltiples géneros (bigénero o trigénero), púrpura para las personas parcialmente hombres y parcialmente mujeres (género fluído), y negro para quienes no tienen género (agénero).
Esto no significa que haya que limitar la diversidad dentro de este colectivo. Seguramente todas y cada una de las personas no binarias tengamos nuestra propia vivencia y manera de describir y definir nuestra identidad fuera del doble binarismo, ¡y eso es genial! Pero, ¿debemos ponerle nombre y bandera a cada una? No: Cada persona ya tiene su nombre propio.
Me gusta mucho la definición que dio Vesper de su propuesta de “un género caracterizado por su autonomía y por la convicción interna de un sentido de género que es poco ortodoxo, poco convencional y totalmente independiente de conceptos convencionales”. Eso es para mi, sencillamente, ser no binario.

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