El sexo es, sencillamente, una propiedad de las células reproductoras. El género es una cosa bien diferente. En castellano, se puede comprar género en el mercado, no tener ningún género de dudas, o desconocer un género taxonómico.

La definición de “género” es muy amplia. Si consultamos nuestro diccionario encontraremos hasta ocho definiciones diferentes. Tal vez la más genérica sea la segunda: “Clase o tipo a que pertenecen personas o cosas”. Pero aquí obviamente me quiero centrar en el género como componente identitario de las personas y los seres vivos, y en concreto, lo que define al hombre y la mujer. En ese sentido, he de decir que la tercera definición de la RAE, “Grupo al que pertenecen los seres humanos de cada sexo, entendido este desde un punto de vista sociocultural en lugar de exclusivamente biológico”, parece sorprendentemente acertada en su segunda proposición, si bien es discutible la parte en la que hace referencia al sexo, además de ser una contradicción puesto que el sexo es precisamente la condición biológica.

Pero bien es cierto que, tal y como releja la RAE en su tercera definición, en el imaginario colectivo el sexo biológico es lo que define el género de un individuo. Se presupone que existe un dimorfismo sexual, es decir, diferencias anatómicas según el sexo biológico del individuo. Se da por hecho que un individuo hembra, con gametos femeninos, tendrá tambien unos caracteres sexuales primarios, los genitales, y unos caracteres secundarios, como puede ser determinado tamaño, porcentaje de grasa corporal, mayor desarrollo de glándulas mamarias, o un color del plumaje menos vistoso, por poner algunos ejemplos. Además de ello, tendrá un comportamiento acorde a su sexo, como puede ser construir un nido o cuidar de los cachorros.

Aunque todo eso es cierto en algunas especies y hasta cierto punto, generalizarlo y creer que es una verdad absoluta es caer en una simplificación exagerada de la realidad. Y es que incluso en las especies en las que así parece suceder, resulta que existen muchos matices.

Como discutí en la entrada anterior “el sexo biológico“, en la gran mayoría de las especies el sexo biológico no es una características de los individuos, sencillamente porque todos los individuos tienen la capacidad de formar tanto gametos femeninos como gametos masculinos. En estas especies no extisten los individuos hembra y los individuos macho, ya que todos los individuos son hermafroditas. Y, al no sexarse los individuos, el concepto de género carece de sentido.

Entre muchos animales, como los insectos, los reptiles, las aves y los mamíferos, los individuos sí pueden sexarse, es decir, que unos solo producen gametos femeninos (hembras), y otros, masculinos (machos). Es en estas especies en las que se basa la idea preconcebida de que el género binario, hombre/mujer, es lo natural.

Y sin embargo, incluso en muchas especies sexables, el género no se asocia de forma univoca a un género. Hay muchos ejemplos fascinantes en la naturaleza de especies en las que existen más de dos géneros. Hay casos tan curiosos que me reservaré una entrada para describirlos en detalle. Pero es imporante que explique a qué me refiero cuando digo más de dos géneros, asi que develaré en qué consisten algunos de esos ejemplos de forma general.

Es muy común, especialmente entre peces y reptiles pero también en algunas aves, que existan varios “tipos de machos”. O, mejor dicho, varios géneros diferentes para los individuos de sexo masculino. Suele existir un género que es el que solemos comprender como macho, es decir, individuos vistosos, de gran tamaño, agresivos y territoriales, que acojerán en su territorio a una o varias hembras. Existe un segundo género de gametos masculinos mucho más pequeño, más aún que las hembras, con colores de camuflaje o poco vistosos, que viven en los margenes de los territorios de esos supuestos “verdaderos machos”. Estos aprovechan los momentos de despiste y desconcierto para tratar de fertilizar los huevos de las hembras en incursiones rápidas a sus territorios. Los “verdaderos machos” atacarán a estos pequeños oportunistas si les pillan. Por último, no es extraño encontrar un tercer genero de gametos masculinos, que es tal vez el más intrigante y revelador. Se trata de individuos prácticamente indistinguibles de las hembras, tienen el mismo tamaño y la misma coloración, y se comportan de forma similar. Todo parece indicar que los “verdaderos machos” son capaces de diferenciar a este género de las “verdaderas hembras”, y no obstante permiten a estos “machos femeninos” instalarse en sus territorios y tambien fecundar a las hembras que lleguen al mismo, típicamente durante cópulas a tres. Se piensa que este último género colabora con los verdaderos machos a atraer hembras y cuidar del territorio. En estos casos se encuetran tres tipos de individuos que forman gametos masculinos a los que la evolución ha llevado a mostrar una anatomía y un comportamiento radicalmente diferente: no cabe duda de que son géneros distinos, no podría agruparse a todos estos individuos como “machos” sin más.

Hay otros casos de especies con más de dos géneros, pero uno me resulta particularmente fascinante. Se trata de una especie de aves en la que existen los prototipos de macho y hembra, con coloraciones diferentes y comportamientos propios. Por ejemplo el prototipo macho es agresivo, protege el territorio y lleva alimentos al nido, mientras que el de hembra, de coloración diferente, construye el nido y empolla los huevos. Estas aves se emparejan, y las parejas están formadas típicamente por un individuo prototipo macho y otro hembra. Aquí llega lo más curioso: recientemente se descubrió que en ambos prototipos se encontraban individuos de ambos sexos, es decir, que existen machos masculinos, machos femeninos, hembras masculinas y hembras femeninas. En cada pareja un individuo es agresivo y protector y el otro cuidador, pero cualquiera de los dos puede ser el formador de gametos masculinos o los femeninos. En este caso, se podría decir que existen dos géneros pero el sexo biológico no define el género del individuo.

Finalmente llegamos a las especies “normales” (incluso poniendo comillas me suena fatal la palabra). Es decir, las especies sexables y con marcado dimorfismo sexual, como la nuestra, se podría pensar. Pero es que aún en estos casos hay matices.

Centrémonos en el género dentro de nuestra especie: los hombres y las mujeres. Verdaderamente, nos percataremos que la mayor parte de los roles de género en el humano moderno occidental son cuestiones culturales, como gran parte de lo que envuelve a nuestra especie. Existen muchas diferencias, muy evidentes, que no existirían si viviesemos en la selva como los primates. La mujer lleva el pelo largo, se depila, se maquilla, se pone faldas o leggins, carga con un bolso, contornea la cadera al andar, mientras que el hombre no hace nada de eso, tiene el pelo corto y vello facial, trata de inflar sus trapecios en el gimnasio, lleva pantalones y ropa de corte masculino, menos colorida. Son todo diferencias que no existirían si nos desnudasen y nos echasen a la selva.

Además, son diferencias que siguen los patrones de la sociedad occidental, con todo lo que eso implica. Sus raíces cristianas, su visión liberal, su individualismo. Porque, aunque es innegable cierto dimorfismo sexual en nuestra especie (sin ir más lejos, los genitales y las mamas, como en los otros primates, pero… ¿podrías diferenciar a un chimpancé hembra de un macho sin ver sus genitales?), resulta que ¡hay culturas humanas en las que existen más de dos géneros también!

Los nádleehi entre los Navajo, los kathoey tailandeses, los bakla de indonesia, los muxe en México, o los kijra de India y Pakistan son solo algunos ejemplos del tercer género humano. Se trata de individuos de sexo masculino y, por así llamarlo, rol femenino. Aunque debido a nuestra visión eurocéntrica muchas veces los consideramos transexuales, no son transexuales como los que conocemos en la sociedad moderna. No se operan, no pretenden ser mujeres, no son discriminados sino que son considerados como un género más, como parte de la tradición y la historia de su civilización. No existe debate sobre su derecho a existir o sobre su papel social o sobre la moral de su existencia.

En resumen, el género es un rol social y reproductivo de los individuos de una especie que se manifiesta tanto en su anatomía como en su comportamiento, pero ni el sexo biológico define necesariamente al género, ni el género es necesariamente binario en la naturaleza y en el humano.

2 responses

  1. […] Y sin embargo, según las definiciones científicas sobre las que he escrito antes de sexo y de género, estas últimas personas cambian de género, pero es imposible cambiar de sexo. Por lo tanto, creo […]

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  2. […] género se diferencia del sexo ya lo he aclarado y discutido largo y tendido en otros posts (como este), y previsiblemente lo hare más en el futuro, aportando otros matices, asi que no me extenderé […]

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ECOLOGÍA NO BINARIA

por Ciro Cabal